Esta semana, en una conversación con la propietaria de uno de nuestros restaurantes clientes, me compartió algo que no sonaba a queja… sonaba a frustración contenida: — Tengo que vender 2 cajas de champagne al mes por contrato… pero el equipo no me hace caso cuando se lo pido. No estaba enfadada. Estaba cansada de repetirlo. Porque cuando eres dueño, tú ves el acuerdo, el margen, la oportunidad estratégica. Pero el equipo, en mitad del turno, solo ve una copa más que servir.
Esta semana he comenzado la capacitación emocional de un grupo importante de restauración y he vuelto a confirmar algo que ya adelanté en mi primer post: el mayor freno al cambio no es la herramienta, es el miedo. Antes del primer día de formación, siempre hago una previa con el equipo. Sin pantallas, sin demo, solo una pregunta sencilla: ¿cómo estás?, y así romper el hielo, escuchar de verdad y abrir un canal de conexión emocional, aunque sea pequeño, cambia por completo la